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jueves, 29 de agosto de 2024

Segunda entrevista a Carlos Gorostiza



Entrevista de 2011 al dramaturgo y novelista Carlos Gorostiza (1920-2016). Conocimiento de Etchebehere. Su primera publicación en "Boletín de la Juventud Libre" (Banfield, 1938-1939). Teatro La Máscara. Etchebehere actualiza poéticamente los cantos de Antígona. Escritura de su primera obra teatral "El puente". Personalidad de José Sebastián Tallon. Romain Rolland y el Teatro del Pueblo. José Oscar Arverás. Alberto Lema y Alfredo Herrero. Anécdotas de Etchebehere. La posición ideológica de Lilulí. El peronismo. Su incursión en la publicidad junto a Felipe Rossi y Arverás. Floreal Mazía, un ser excepcional. Anécdota de Mazía con Jorge Abelardo Ramos. Lectura del poema "Sed" de Etchebehere. Última vez que lo vio.

Imagen: Luis Iglesias, Carlos Gorostiza, Guillermo Etchebehere y Felipe Rossi (foto tomada por Gorostiza).

PRIMERA ENTREVISTA REALIZADA EN 2005:

https://guillermoetchebehere.blogspot.com/2017/05/entrevista-carlos-gorostiza-sobre.html?m=0


jueves, 24 de febrero de 2022

Poemas de Etchebehere sobre la guerra (dos inéditos)

POEMAS NO PUBLICADOS EN LIBRO.

Nota crítica

En una presentación de 1964, José Oscar Arverás, la otra voz poética del grupo Lilulí,  decía, refiriéndose a los autores del ’40: “pertenezco fundamentalmente a la generación de la guerra de España”, y habría que agregar, de la Primera Guerra Mundial. Guillermo Etchebehere, el único autor del grupo con obra previa y el primero publicado en los “cuadernillos militantes de prosa y poesía” de Lilulí, fija, desde Pulso de la tierra (1941) un humanismo absorbente y, en cierta forma desublimado, de la “realidad circundante: la guerra, la violencia, el crimen en la insensata puja por el poder político y por el dominio del mundo” (Luis Soler Cañas, “La generación poética del 40”, 1981; cita que incluye a los poetas Arverás, Etchebehere y Ferreyra Basso). Si la extensión material definitiva en Etchebehere es la rural, consolidada en La semilla del viento (1947), verdad es que ese “hombre centro de todas las cosas” señalado por Bernardo Verbitsky para su último libro, anuda a otras experiencias fundamentales: la infancia, la hermandad, la reivindicación de una clase y una especie de armonía universal que provee la muerte y el renacer de todo mediante un ciclo ya vegetal, ya cósmico; este orden se interrumpe, justamente, frente a la tragedia de las cosas, la tragedia simple y natural (no comprender la muerte de un pájaro, por ejemplo), la relativa (el crecimiento del “mar de hierro” de las ciudades) y una que aparece absoluta e irreversible, la guerra, que apaga las vidas, que las duerme definitivamente.

Ya fue sugerido que en los cuadernillos publicados por el grupo Lilulí no cabía un “arte por el arte” o algún otro tipo de purismo estético. De esto se da cuenta en la presentación que se hace de Guillermo Etchebehere en Jornada del hombre (1943), primera manifestación del grupo: “…amaneció con vigoroso impulso, que hubiera sido un estallar de himnos olímpicos en edades de alegría constructiva, exaltación vital y mito. Pero el soplo agresivo que da trágico perfil a nuestra era, rondó la ternura de su infancia, mordió su jugosa adolescencia campesina”. Acá se describen, fundidas, la época y la temprana muerte de su padre que vivió el autor.


La selección

Se publica una selección de poemas donde el tema o las imágenes encauzan la vivencia de la guerra. El último poema, “La muerte que camina mis canciones” podría tratarse de una excepción, pero creemos que, dada la característica del soneto, el primer cuarteto presenta el tema, y lo que sigue es su oposición, la otra vivencia de la muerte que quiere mostrarnos el autor.

El orden de los poemas es presuntamente cronológico. A los no publicados en libro “Niebla” y “Las bombas” (*) los ubicamos entre sus libros Pulso de la tierra y Jornada del hombre, es decir entre 1941 y 1943. Etchebehere empieza a considerar el soneto hacia la aparición de su segundo libro, mientras que el asunto versificado parece pertenecer al primero. No se pudo detectar tampoco el nombre de la publicación donde aparecen. Para esa fecha, Etchebehere colaboraba en “Conducta” (1938-1943), “Argentina libre” (1940-1946), y “Claridad” (1926-1941) de tirada latinoamericana, entre otras revistas de menor circulación.

(*) Recorte copiado del archivo de Luis Iglesias.

 

SANGRE

Un reloj tiró a las calles
doce martillos de nervios.
La ciudad quedó dormida
bajo las sombras del miedo,
mientras la luna lloraba
tras las cortinas del viento.

¡Ay! Como florecen rosas
de sangre, sobre el silencio…

 El alba llegó en el soplo
cantarín de sus cencerros,
y ya los hombres marchaban
-pulso afiebrado del vértigo-
llevando sobre los hombros
oscuras muertes de hierro.

¡Ay! Como florecen rosas
de sangre, por los senderos…

El corazón de los hombres
cayó en las manos del fuego;
las madres gritan su angustia
en las cumbres del tormento,
pero el frescor de las cunas
se retuerce en el incendio.

¡Ay! Como florecen rosas
de sangre, sobre los pechos…

(Pulso de la tierra, 1941)

 

BOMBARDEO

Baila en la plaza la risa
delirante de los niños.
La blanca estrella del canto
-golondrina de rocío-
pone en los labios del viento
ágiles voces de vidrio.
Los pájaros picotean
el corazón de los pinos.

Vibra en el pulso del aire
el trampolín de los ritmos.

Pero se abre entre las nubes
un sendero de rugidos,
y el aullar de las sirenas
-nervio de acero encendido-
echa al tropel de las balas
el aluvión de sus silbos…

La voz levanta su miedo
hasta los topes del grito.

Queda en el suelo la angustia
de los troncos retorcidos,
y junto al despilfarrado
vellón musical de un nido,
unas sonrisas de luna
se han hecho muecas de frío.
Cinco llantos; cinco muertes
de pie sobre cinco niños…

Entre el verdor de unas yedras
hay cinco soles dormidos.

(Pulso de la tierra, 1941).

 

SOLDADITOS DE PLOMO

¡Rataplán, rataplán! ¡Presenten armas!
—Hijo: no juegues con soldados…
—¡Atención! ¡Enemigos! ¡A la carga!
—Hijo: no juegues con soldados…
Pero el niño seguía…
¡Qué ronca era su voz! —¡Presenten armas!
¡Qué fulgor en sus ojos! —¡Enemigos!
Y su mente afiebrada recogía
una visión de sangre…
—¡Bayonetas caladas! ¡Los fusiles! ¡Avancen!

Pero entonces, la madre,
enarboló su desgarrada herida
en el mástil de un grito.
Y al alzar en sus brazos al pequeño,
las palabras nacían trituradas,
ardiendo en un tropel enloquecido
de lágrimas y besos…

(Pulso de la tierra, 1941).

 

NIEBLA

El alba del amor cayó de bruces
en las redes del odio madurado;
en el plomo y la ceniza han engendrado
una neblina universal de cruces.

Ya no hay manos abiertas: cada mano
es un puño de piedra donde anida
el rencor de la tierra anochecida
o el desmayado aliento de un hermano.

Las voces, despobladas de alegría
son retorcidos gritos sin vocales,
nutriéndose en la sangre que se vierte.

Mientras la risa caiga en agonía
hasta los verdes cantos vegetales
romperán su color contra la muerte.

(No publicado en libro).

 

LAS BOMBAS

Danzan truenos de hierro los aviones
contra los muros frágiles del viento;
la muerte siembra su cantar violento
en la tierra vacía de canciones.

El sol baja a la casa arrodillada
y encuentra entre las ruinas la tristeza,
la ingenua intimidad de la pobreza
y el tropel de la angustia desatada.

En un charco de espanto silencioso
la madre duerme el sueño poderoso
del plomo y de la sangre detenida;

el hijo, preso entre los brazos yertos
busca el cauce nutricio de la vida
en la impotencia de los senos muertos.

(No publicado en libro).

 

LA MUERTE QUE CAMINA MIS CANCIONES

La muerte que camina mis canciones
no es la muerte enconada y turbulenta
que enciende pedernales de tormenta
con el torvo clamor de sus legiones.

La muerte que camina mis canciones
es la llovizna persuasiva y lenta,
que en su armoniosa eternidad sustenta
los nombres y las conmemoraciones.

Cuando nombro a la muerte, nombro un río,
la flor de las acacias, el rocío,
la tarde en sombras que se va cantando;

nombro a mi padre con sus pulsos fijos,
la sangre ardiente que me está cruzando,
y la sonrisa que tendrán mis hijos.

(La semilla del viento, 1947).

lunes, 5 de junio de 2017

Luis Iglesias y su relación con Etchebehere


Documental sobre el maestro Iglesias que realizó Canal Encuentro.


La relación Luis Iglesias -Guillermo Etchebehere se remonta al albor de la formación de la personalidad de ambos. El documento más extenso y detallado sobre la vida de Guillermo Etchebehere con que contamos hasta el momento, es la conferencia del maestro Iglesias en la Biblioteca Sarmiento el día 15 de junio de 1979, a un año de la muerte de su amigo, “el poeta luminoso”, como lo llamaba.

En una de las dieciocho páginas de la conferencia -originales que guarda la Biblioteca de Cañuelas- recuerda la primera vez que lo conoció:

"Nacido y crecido en Tristán Suárez resultábamos vecinos y, por haber pasado alternativas muy parecidas en la misma época, sin tratarnos y sin saberlo, compartíamos las mismas desazones, contradicciones, laxitudes y rebeldías. Por eso para mí fue impactante leer en la revista "Claridad"(1) -publicación muy difundida que se hacía en Bs. As. para toda América Latina- un poema, "Pueblo natal" que firmaba Guillermo E. Etchebehere, de Cañuelas. Era un grito de protesta, de rebeldía contra el lugar de nacimiento, contra la asfixia que tanto en su pueblo como en el mío como en cualquier pueblo inocente de este mundo, sienten alguna vez los adolescentes. 'Porque eres quieto, demasiado quieto/ porque eres manso, demasiado manso', y esto resultaba todo lo que podía recriminar con sus versos el poeta en franca insurrección. En realidad, él estaba armándose de decisión y coraje, dispuesto a encontrar una oportunidad para romper profundos vínculos y abandonar Cañuelas. A ese, su pueblo natal, al que después durante toda su vida cantaría con reminiscencias y palabras de eterno enamorado".

Dedicatoria de Iglesias en su libro Didáctica de la libre expresión.

El poema en revista Claridad se trata de una publicación de marzo de 1936, cuando Etchebehere tenía dieciocho años e Iglesias veintiuno. Un dato que Iglesias omite en su emotiva conferencia –quizá por modestia-, es que su  libro de creaciones infantiles Viento de estrellas tiene el título inspirado en un poema de Etchebehere, que no será el único de éste dedicado a una escuela rural:


ROMANCE BLANCO

Abrió la escuela sus puertas
-rosa que se abre en el alba-
y como viento de estrellas
en la grupa de mil alas,
corrieron por los caminos
en tropel, las esperanzas.
Se iluminaron las calles
con música de campanas;
los gnomos de los recuerdos
hurgaron dentro del alma
y se encendieron mis ojos
en el brillo de las ansias.
Sentirme de nuevo niño…
Decir otra vez palabras
prisioneras en el eco
sin edad de nuestra infancia…
De pronto trizó mi sueño
el sol de las carcajadas:
por los caminos venían
-aluvión de espuma blanca-
veinte niños –veinte pájaros-
deshilvanando palabras.
Sus risas eran gaviotas
borrachas, en la mañana.
Abrió la escuela sus puertas.
¡Se abrió una rosa en el alba!

(De Pulso de la Tierra).


A partir de 1943 Iglesias y Etchebehere van a formar "la punta sur" del grupo de intelectuales Lilulí, que contaba entre sus miembros a Carlos Gorostiza (director de teatro y escritor, ver entrevista), Floreal Mazía (traductor plurilingüe), Pedro Asquini (actor fundador de "Nuevo Teatro" en los '50), Felipe Rossi (luego director de Radio El Mundo), José Oscar Arverás (poeta y novelista), Alberto Lema (dirigente sindical de Luz y Fuerza), José García Falcó (escritor y periodista, luego secretario de José Ber Gelbard), entre otros, grupo de temible variedad y talento. La primera publicación de la editorial (cuadernillos) Lilulí, es el segundo poemario de Etchebehere Jornada del hombre. A excepción del cañuelense, los demás eran escritores inéditos; Luis Iglesias publica por Lilulí La escuela emotiva (ensayo pedagógico) en 1945. El grupo se desmembra -para decirlo con palabras más suaves de las que ellos utilizaron- por el control que ejerció el peronismo sobre lo que se leía, escribía y representaba en libros y teatros.

Estos "Cuadernillos militantes de prosa y poesía" no fueron, sin duda, hechos de "literatura pura", según dichos de Luis Soler Cañas, uno de los críticos más serios y centrados de la Generación del 40. Las expresiones "nuevos tiempos" o "militante" que acompañaban todos los cuadernillos, hablan de una ubicación temporal y de un rumbo.

(Escrito reformulado de otro de 2010, año de la muerte de Iglesias).


Grupo Lilulí en la escuela rural de Iglesias (Tristán Suárez, 1944). Arriba (izq. a der.): desconocido, Felipe Rossi, José Arverás, desconocido, Guillermo Etchebehere, desconocido. Al centro: desconocido, Luis Iglesias, Carlos Gorostiza, desconocido. Abajo, desconocido. Otros nombres que completan la imagen: Alfredo Herrero y Alberto Lema. (Foto y datos suministrados por Carlos Gorostiza).


“La madre campesina, el padre herrero de minas, ambos gallegos. Él, Luis F. Iglesias, el menor de un puñado de hermanos nació en 1915 en Tristán Suárez, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires donde comienzan la pampa y la ganadería”.

(Apunte biográfico escrito por Guillermo Etchebehere, para la primera edición de La escuela rural unitaria).

Obras de Luis Fortunato Iglesias:
-La escuela emotiva - Ensayo pedagógico, 1945.
-Viento de estrellas - Antología de creaciones infantiles, 1950.
-La escuela rural unitaria, 1957.
-Diario de ruta: Los trabajos y los días de un maestro rural, 1963
-Didáctica de la libre expresión, 1979.
-Pedagogía creadora, 1980.
-Aprendizaje vivencial de la lectura y la escritura, 1987.
-Los guiones didácticos: Técnica para la conducción del aprendizaje, 1988.
-Confieso que he enseñado, 2004.



NOTA
(1) Trascendental publicación para intuir el relieve ideológico del Grupo Lilulí. La Revista Claridad (1926-1941) dirigida por Antonio Zamora, difundía obras de literatura del socialismo europeo y latinoamericano (Zamora había sido antes creador de una editorial con el mismo nombre que publicaba clásicos y nuevos autores a precios populares). La revista contó entre sus colaboradores a Leonidas Barletta, César Tiempo, Álvaro Yunque, Baldomero Fernández Moreno, Roberto Arlt, Juan L. Ortiz, y se autodenominó de izquierda desde sus inicios, refugio de quienes militaban entonces en el llamado grupo literario “Boedo”. “Deseamos estar más cerca de las luchas sociales que de las manifestaciones puramente literarias. Creemos de más utilidad para la humanidad del porvenir las luchas sociales que las grescas literarias, sin dejar de reconocer que de una contienda literaria puede también volver a surgir una nueva escuela que interprete las manifestaciones humanas en forma que estén más de acuerdo con la realidad de la época en que vivimos”. (Claridad, Año 1, Nº 1, julio 1926). Espíritu combativo, que en otros pasajes de la revista adquiere rebordes anarquistas: “Lucha contra la iglesia, que es represión y barbarie; lucha contra el Estado, que es el entronizamiento de unos pocos aprovechados; contra el ejército que es refugio de criminales más repugnantes que los que por mil circunstancias adversas se ceban en el primero que pasa. Lucha contra la moral cristiana, porque veinte siglos de cristianismo no han hecho otra cosa que abatir el espíritu del hombre….Lucha, hermano. ¡Si supieras cómo te enaltece la lucha!”. Veamos si la lectura de esta revista influyó en Etchebehere, leamos algo más.

martes, 23 de mayo de 2017

Semblanza de Etchebehere por el Grupo "Lilulí"


Contenido de la solapa delantera del poemario de Guillermo Etchebehere Jornada del Hombre, editado por los Cuadernillos "Lilulí" en 1943. Semblanza que realizaron sus compañeros del grupo. El segundo poemario de Etchebehere, resultó el primero de estos cuadernillos "militantes de prosa y poesía". Lo ilustró uno de sus integrantes, Néstor Mentaberry, quien firmaba "Néstor".

jueves, 4 de mayo de 2017

"Jornada del Hombre" (selección y opinión)

Jornada del hombre (1943)
Por Cuadernillos Lilulí (N° 1).
Ilustrado por Néstor.


Tapa del libro.
Solapa con semblanza del autor.



SELECCIÓN DE POEMAS:


Estética

Yo doy mi canto como da el verano
golondrinas, y el mar da litorales.
Nunca supe el porqué de los trigales
pero lo mismo el pan llega a mi mano.

Si estuviera vedado al duraznero
salir por sus duraznos milagrosos,
un viento enloquecido de carozos
mordería su tronco prisionero.

Y no sé si el poema es una rosa
o una brizna del alma numerosa
que encontró la palabra que la nombre.

Sólo sé que se cumple mi destino
cuando el verso que doy muestra el camino
que transita el poeta con el hombre.



Partida del poeta adolescente

Con una estrella rota sobre el hombro
ha comenzado a ser lo acontecido.
Se le cayó la voz –polvo de sombra-
cuando la noche se vistió de grillos
y el aire de temores.

Fue entonces que la voz se le deshizo.

Era
(¡qué palabra con muerte esta palabra!)
un junco musical recién nacido;
una ventana abierta al horizonte;
los pasos y el camino.

Desde el fanal celeste de sus ojos
el niño transcurrido
le alcanzaba las sílabas desnudas
y el aliento esencial de los sonidos,
para que fuera el canto
sencillo como el hombre,
vital como la leche y como el trigo.

Él, que amaba el prodigio del árbol y la lluvia,
y el profundo secreto del carbón y el granito…
Él, que amaba el misterio frutal de los carozos
ahora estará lleno de respuestas y signos.

Sus manos, sus cabellos
y el marfil de sus dientes desprendidos,
ya empiezan a empujar el crecimiento
del álamo y el lino.

Un pájaro de niebla picotea
su derramado corazón de lirio
y el agua ya le busca las arterias
para iniciar la eternidad de un río.

Oh, muerto innumerable.

Oh, claro adolescente atardecido.



Caminos

Me dijo el corazón: elige un rumbo
para darle a tu canto;
el aire con su escolta de palomas
o el bosque con la angustia entre sus brazos.

Los senderos del aire son de briznas.
Con el alma de pájaro
llegarás al final, donde se besan
la música del sueño con los astros,
y encontrarás una ciudad de espuma
con torres de milagro.

El camino del bosque es de palabras
y medusas de llanto.
Por él camina el hombre a su destino;
en él cada dolor engendra un árbol.
En los últimos cercos está el pueblo
herido de relámpagos.
Ya disparé mi vos enamorada
por el camino amargo.
Ha perdido la risa, pero lleva
la fe en el hombre dentro de su canto
como lleva en el ímpetu la flecha
el poderoso vendaval del arco.


Fe

En la ciudad del hombre ya no queda
la sonrisa de un pétalo;
ni una tarde cruzada de palomas;
ni la espiral celeste de un recuerdo.
Ya no existe la casa con la madre,
ni la cómoda antigua del abuelo,
ni la mesa de pino, ni el manzano
ni los ojos del perro.

Toda la simple intimidad del hombre
cayó de bruces en el mar de hierro.
Pero la muerte no tendrá en sus venas
el caudal necesario de silencio
para que deje de cantar el río
su siempre nacimiento.

Nunca tendrá relámpagos bastantes
para incendiar el cielo;
ni tanta sombra para tantas albas;
ni el suficiente viento
para arrancar del bosque de los días
la eternidad elemental del pueblo.

En la entraña violenta de la muerte
un fruto de alegría está creciendo.



 OPINIONES:

"Con este volumen (1), la editorial "Lilulí" -promisorio esfuerzo de un grupo noblemente inspirado- presenta la segunda entrega de una autor joven -nació en 1917- que ya, con "Pulso de la Tierra" adelantara una voz plena de posibilidades. Pero lo que entonces era un cauteloso tantear de caminos, transitando por las huellas abundantemente señaladas por las sendas rectoras de la poesía de nuestro tiempo, es hoy depuración celosa de la propia voz y, sobre todo, una pareja unidad de estilo y de tono que valora seriamente el volumen".

Periódico La Hora, 06/06/1943.

"Con Jornada del hombre, doce poemas apenas, Etchebehere entró de lleno y sin discusión en la poesía argentina, bien plantado, con neto perfil de su personalidad humana y artística y con toda su voz. Los críticos más exigentes así lo dijeron y, curiosamente, propuestos a señalar el mejor poema que llevaba la entrega, no estuvieron de acuerdo: cada uno eligió el suyo y en definitiva quedó claro que los doce eran excelentes".

Luis Iglesias, en la conferencia ofrecida en la Biblioteca de Cañuelas en 1979, a un año de la muerte del poeta
Luis Fortunato Iglesias (Tristán Suárez, 1915- Buenos Aires, 2010). Maestro, pedagogo y escritor. Autor de una nueva pedagogía enfocada en la escuela básica, que comienza con su libro -varias veces premiado y difundido por toda América- "La escuela rural unitaria". Integrante fundamental del Grupo "Lilulí".

"La lectura cronológica de sus libros depara la sorpresa del soneto Estética con que se abre Jornada del hombre. El tiempo trascurrido entre el volumen inicial y este cuadernillo, es enorme, si lo consideramos por la seguridad y robustez de tono adquiridos. El poeta alcanza una conciencia clara de su destino, que trasciende hacia su tercer libro, acelerando su plenitud. Ninguna artificiosidad literaria cabe en su posición y su arte sería el de simplificar las cosas y esclarecer la estrofa con el recuerdo bíblico que ninguna época desmiente ( ). Si Etchebehere vistiera su poesía de otro ropaje que no fuera el de la dicción natural, este vivo fluir quedaría desvirtuado y no llegaría a expresiones cabales en su emoción y justeza".

José González Carbalho para Noticias Gráficas (12/4/50). Ver artículo completo. José González Carbalho (1899-1958): Poeta nacido en Buenos Aires, hijo de emigrantes gallegos. Profesor y periodista. Publicó en poesía: “Campanas en la tarde” (1922), “Cantados “(1933, Premio Municipal), entre otros; en prosa “El libro de Angel Luis” (cuentos, 1926), “Vida, obra y muerte de Federico García Lorca” (1938) y otros; teatro: “Arrabal de Carriego, Cornamusa”; ensayo: “Idioma y poesía gallega” (1953). Amigo personal de Federico García Lorca y Pablo Neruda, y otros tantos poetas de su generación. El chileno le dedicó un poema en su fundamental obra “Canto general” (1950).


miércoles, 3 de mayo de 2017

Entrevista a Carlos Gorostiza sobre Guillermo Etchebehere

El reconocido escritor y dramaturgo -fallecido el año pasado- resultó, en su momento, fundamental para dar impulso a estas investigaciones. El vínculo de Carlos Gorostiza con Guillermo Etchebehere, a diferencia de lo que se pueda imaginar, fue de mucha mayor importancia para el primero que para el segundo. El resto del grupo de amigos aseguraron que lo estimulaba a escribir y acercaba temas para sus obras. En la entrevista, Gorostiza relaciona su primera publicación en revistas con su amigo Guillermo Etchebehere. A pesar de todo esto, llamativamente omite nombrarlo en sus memorias (El merodeador enmascarado, Seix Barral), que para el momento de la nota llevaban un año publicadas.

Lo que sigue es solo una parte de las grabaciones, que luego fueron completadas además con un audiovisual todavía inédito.

Gorostiza: “Etchebehere era un ser que hoy sería más difícil de encontrar”

Carlos Gorostiza –quizás el escritor de teatro más importante del país en actividad- recibió a La información en su departamento de Palermo, para hablar de su amigo y nuestro poeta, Guillermo Etchebehere. Con efusiones tales “cuántas veces pensé yo en esto…” o “cómo extraño a mis viejos amigos del grupo” nos dejó una nota para el archivo y la memoria de todos.

-Hola Vasco.
-¿Qué hacés vasco?
Ése era nuestro saludo.
Un día lo veo caminando por la calle Florida, y observo que venía abriendo y cerrando la boca.
-¿Qué hacés vasco? le pregunto-.
-Estoy buscando una palabra…
Parte del Grupo Lilulí: (de izq. a der.) Luis Iglesias, Carlos Gorostiza, Guillermo Etchebehere y Felipe Rossi (foto gentileza de Gorostiza).

¿Cuándo y dónde se conocen con Etchebehere?
Nos conocimos en las oficinas de Bunge y Born, los dos trabajábamos ahí, yo tendría 15 o 16 años. Un día nos enteramos que los dos escribíamos poemas. Yo lo admiraba mucho, ya había publicado su primer libro creo; y también le mostraba lo que yo hacía. Al principio viajaba todos los días desde Cañuelas, luego, cuando se viene a vivir a la pensión de la calle Bolívar, empezamos a salir juntos. Íbamos a los cafés, al Tortoni, a un lugar que se llamaba AIPE (Asociación de Intelectuales, Periodistas y Escritores) que era bien de izquierda; salíamos a caminar por Avenida de Mayo…toda una aventura en aquella época.

Se acercan los tiempos del grupo de intelectuales “Lilulí”. Cuéntenos cómo se gesta y las razones que lo movilizaban.
Bueno, en principio había dos vertientes. Estaba la escuela rural de Luis Iglesias, “el maestro” como le dicen, en Tristán Suárez, cerca de Etchebehere, y también amigos de un grupo de Lanús de Federico Golcio. Yo merodeaba el ambiente del Teatro La Máscara, donde me inicié como actor, era mi grupo. Ya conocía a Guillermo pero él no sabía que escribía. Un día se me ocurre mandar un poema al folletín que tenía esta gente de Lanús, él conocía la revista y ahí se entera: “¿cómo, vos también escribís?”. Ésa resultó mi primera publicación. Así, con Guillermo también como puente, el grupo comenzó a reunirse. La conexión con el vasco era tal, que después en el ’49 termina escribiendo los cantos de la obra “Antígona” de Sófocles (1). ¿Qué nos unía en el grupo?, parcialmente la necesidad de la poesía y la literatura, y por otro lado, formando un total, la parte política. No cabía otra alternativa. Ser de izquierda para nosotros y en ese momento, significaba ser camarada de ruta del Partido Comunista, pero ninguno militaba.

Usted que llegó a conocerlo personalmente, ¿qué rasgos de la personalidad de Etchebehere puede exaltar?
Era un entusiasta, en cosas de la cultura él siempre aparecía con su entusiasmo. Era un ser, que hoy pienso yo, sería mucho más difícil de encontrar. Tenía una pureza casi cándida, casi ingenua. Ahora, también era muy fuerte su modo de caminar, de hablar. Una cosa nos diferenciaba; dos cosas mejor dicho: el fútbol, las mujeres…y el tango!; a mí siempre me gustó bailar. Eso me separaba un poco de ellos, ¿ves? Junto con Iglesias escuchaban más música clásica, estaban más intelectualizados.

Atahualpa Yupanqui fue uno de los que se interesó por su obra, ¿usted qué opinión tiene de la misma?
Formalmente no podría decir si su poesía era vieja o nueva, pero tenía…una fuerza verdadera, una gran fuerza, y sobre todo era entrañable. Otra condición que yo considero positiva era su apego a la tierra, estaba enraizado, no era ciudadano a pesar de que venía acá y salía, quería mucho a Cañuelas “bueno, ahora me voy a Cañuelas” decía. La mejor definición de él y su obra sería “un lírico apegado a la tierra”.

¿Cuándo fue la última vez que lo vio?
Fue cuando estaba enfermo y lo habían operado en la clínica Marini. Lo último que tengo de él es la crítica que le escribió a mi primera novela, una página muy linda…todavía la tengo.

El jueves pasado se estrenó con Ana María Picchio y Alejandro Awada nuevamente su obra “El pan de la locura”, y sigue escribiendo. ¿Piensa parar en algún momento?
Estoy tratando de abandonar el atletismo escénico. El director del Teatro San Martín, que me conoce bien, dice “Gorostiza está siempre escribiendo su anteúltima obra” y es verdad. Pero hoy estaba trabajando en “El alma de papá”, que es lo que estoy escribiendo ahora, y no sabés cómo extraño, añoro, la presencia de estos amigos.

Juan Manuel Rizzi


LA INFORMACIÓN de Cañuelas, Nº 15 , semana del 7 al 14 de septiembre de 2005.


NOTA
(1) Gorostiza se refiere a la representación de Antígona dirigida por el extraordinario director italiano Adolfo Celi, donde participaron Gorostiza, Pedro Asquini (también del grupo Lilulí) y nada menos que Alejandra Boero, quien junto a Asquini en 1950 fundaría el grupo Nuevo Teatro. Y por si le faltaran condimentos a la obra presentada en La Máscara, la escenografía estuvo a cargo de un joven arquitecto llamado Clorindo Testa (Ernesto Schoo, La Nación, 10/12/2005). En las memorias de Pedro Asquini -El teatro, ¡qué pasión! (UNL) publicadas luego de su muerte, en el 2003- se recuerdan vivamente las versiones de los coros realizadas por Etchebehere. Dada la calidad de las mismas, el fundador de Nuevo Teatro las siguió utilizando siempre en sus clases particulares. Recordemos que con este director trabajaron actores como Héctor Alterio, Eduardo “Tato” Pavlovsky y Enrique Pinti.