martes, 11 de enero de 2022

Barrio Guillermo Etchebehere


El 7 de octubre del año 2000 se impuso a un barrio de Cañuelas el nombre de su poeta, Guillermo Etchebehere. La iniciativa surgió de los creadores del Rancho Cultural Los Uncalitos, Susana Frasseren y Pablo Garavaglia. "Nosotros gestionamos ante el Honorable Concejo Deliberante la imposición del nombre a un tramo de la calle 25 de Mayo, donde está cortada, y los concejales decidieron poner el nombre al barrio. Nos gustó mucho la idea, superó con creces nuestro pedido" contaba Susana hace más de diez años.

El barrio Etchebehere está comprendido entre las calles Del Carmen hasta la prolongación de Mozotegui y desde Roca hasta la prolongación de Brasil, frente al barrio Los Aromos, y es lugar del mencionado Rancho Cultural Los Uncalitos, en la actualidad cerrado al público. El acto de imposición el 7 de octubre de 2000 coincidió con la apertura de la muestra del Certamen de Poema Ilustrado "Guillermo Etchebehere", del que resultó ganadora la artista plástica Mariela Salé con la interpretación del poema del autor, "Sed".

El 9 de octubre del año 2000, dos días después de que pusiera nombre al barrio, Frasseren y Garavaglia presentaron un Proyecto de Ordenanza para la publicación de las obras de Etchebehere, proyecto aprobado aunque nunca llevado a cabo.


lunes, 10 de enero de 2022

"La Lumbre Permanente" (selección y opinión)

La lumbre permanente (1956).
Por Ediciones La Llanura.
Dibujo interior de Juan Carlos Castagnino.
Viñeta de tapa por Nina Haeberle.




SELECCIÓN DE POEMAS:


Génesis

En el principio fueron cielo y tierra
Tierra instituida en el agraz del tiempo
y cielo en plenitud, apacentando
sus cautelosos témpanos de fuego.
En esa soledad desconsolada,
en esa geografía de silencio,
sólo un altar de luz y las salvajes
ceremonias del viento.

Era la pampa un frenesí de hierba
con los brazos tendidos al misterio.

…Y en lento desarrollo le crecieron
dientes de alarma, garras de zozobra,
hombres con pumas dentro de la sangre
y estrépito de piedras en la boca;
pastores y alfareros de desgracia
paridos por la cólera
en un violento socavón de furia
y gredas tumultuosas.

Los ciclos vegetales injuriados
por el tropel caliente de las hordas.

Después, la tempestad conquistadora
con todos sus relámpagos erguidos
fundó en hirsuta identidad de sangres
el bosque de otros hijos.
Leopardos de arrogancia defendiendo
la libertad a punta de cuchillo
y arrodillando el alma en las vidalas
o en la primicia inmemorial del trino.

(También el ñandubay guarda en su rango
un tembloroso origen de rocío)

Pienso aquel tiempo, pienso aquel destino
y escucho sus guitarras en ausencia,
un desenfreno de caballos ciegos,
el pulso en llamas de las montoneras
y más acá, más cerca de mis huesos,
a orillas del despojo y la pobreza,
el ruido enmarañado de las uñas
ofendiendo a la tierra.

Siempre me está golpeando el pensamiento
este dolor del campo en que naciera.

Tierra de luz: mi corazón te lleva.
Mi sangre te pronuncia cuando canta
las frondas de tus árboles queridos,
la concisión celeste de tus alas,
el río de incesantes nacimuertes
que cruza tus entrañas
y el mar, que humedeció tu pelo verde
con sus tres letras de agua.

El mar, que trajo a tu pasión de leguas
las gentes del sudor y la labranza.

Gentes con nombres llenos de montañas
y mínimos sucesos.
Tañidos de remotos campanarios.
Retoños de otros árboles eternos.
Se llamaban Schneider, Undurraga,
Kovalewsky, Bracsmájer, Montevechio,
y de vivir contigo ya se llaman
un poco Cruz del sur y Martín Fierro.

Cantándolos me canto las raíces
porque también mi nombre es uno de ellos.

Nombres hermosos porque son del pueblo.
Padres del pan, hermanos del arado.
Con ellos puedo designar la lluvia,
la perfección del unánime árbol,
puedo nombrar el orden venturoso
de la preñez, los cráteres de espanto
del mundo que se apaga en una estrella
y la pequeña muerte de los pájaros.

Puedo nombrar la infinitud del aire.
Puedo nombrar todo el amor y todo el llanto.

Aquí tenéis su corazón: miradlo.
Mirad los sustantivos que lo habitan.
Allí la fe ultrajada, sosteniendo
la enhiesta magnitud de las espigas.
Acá el adolescente y la muchacha
besando al hijo que tendrán un día.
Allá el todo-recuerdo del abuelo
con vísperas de polvo en la sonrisa.

Son los cansados de sudar, que vienen
del viento de la Biblia.

Aquella pampa arisca,
aquella antigua soledad inmensa,
ya tiene la memoria florecida
de sueños simples y palabras buenas.
Ya para siempre guardará en su cuerpo
las manos casi tronco y casi tierra
que alguna vez cayeron a la muerte
en lujuriosa vocación de siembra.

Que estos tributos del amor custodien
sus vástagos en cierne.
Así sea.

 

Este olor a recién hecho

Vengo desde no sé cuándo
y voy hacia no sé dónde;
pero en mis huesos responde
la tierra que estoy cantando.
Si cantar es irse dando
como una mano tendida
venid a golpear mi vida,
que sepa mi corazón
si mi canción es canción
si sangra cuando es herida.

Antes de nacer fui viento,
constelación, infinito.
Fui la guarida del grito
que grita en el pensamiento.
Estas manos y este aliento
son el cálido temblor
del ímpetu sembrador
que erige la sementera
y de rodillas espera
la caridad de la flor.

Los campos me han señalado
con enérgicas señales.
Muchedumbres vegetales
de verdor desmesurado
agredieron mi costado
con su inmenso poderío
y palomos de rocío
sosegaron el dolor
consubstanciando el amor
de su canto con el mío.

Amo el bramido del toro
crucificado en su nombre.
Amo la casa del hombre
con su sonrisa y su lloro.
Este acontecer sonoro
de las presencias que quiero
es todocompañero
que en tránsito inacabable
deja la arcilla favorable
en mis manos de alfarero.

Bienhaya el fauno vehemente
que hincha las venas del río.
Bienhaya el escalofrío
de su puñal transparente.
Yo quiero para mi frente
la altura de su destino,
que camina su camino
y que cantando no advierte
que va cayendo a la muerte
su corazón matutino.

Resonarán en mi pecho
las órdenes de la bruma
y como un golpe de espuma
caerá mi nombre deshecho.
Este olor a recién hecho
que me sustancia el cantar
quizá se quede a velar
mis pulsos en cautiverio.
Quizá se vaya al misterio
de la botella en el mar.

 

La maltratada espera de mi gente

Huele a raíz el gozo que sustenta
las ubres del ganado. Corrobora
su obstinación de pájaros la aurora.
Forja el maizal su prédica opulenta.

La brisa en las acacias se impacienta,
en el azahar del huerto se demora
y con plumón de cardo condecora
la arcilla fantasmal de una osamenta.

Mientras el campo entero se levanta
y ríe y llora y nace y muere y canta
de pie en su propia plenitud serena,

la maltratada espera de mi gente
seca el cansancio antiguo de su frente
parada en medio de la tierra ajena.

 

Un pedazo de tierra

A Cañuelas, que es como decir: a mis raíces.

Cuando empecé a vivir nadie me dijo
que yo era en ti continuidad de un bosque;
que era en tus viejos troncos en sosiego
el entusiasmo de la rama joven.

Fue necesario el transcurrir de todo
para escuchar tus subterráneas voces.
Fue necesario el tiempo (¡siempre el tiempo!)
para encontrar tus ángeles insomnes.

Ahora que me trepas la memoria
como una enredadera de tambores
vengo a empujar la puerta con que guardas
tu delicada intensidad inmóvil.

Todo el color que asciende a mis palabras
confirma el historial de tus colores.
Todas las formas que andan por mi vida
son formas del amor que tú conoces.

¿Cómo olvidar la pequeñez inmensa
que en el recinto de tu paz se acoge
si yo soy yo porque tu tierra existe,
si porque tú eres tengo yo este nombre?

¿Cómo olvidar tus árboles reunidos
en la liturgia alegre de los montes
si todavía mi niñez les hurga
su corazón, cuajado de pichones?

En tus tranquilos ámbitos poblados
por el astral sahumerio de la noche
la claridad de la primer muchacha
me dio esta luz que llevo desde entonces.

En ti nació mi mar. De ti vinieron
las uvas en sazón de las canciones.
Los arduos ventanales del misterio
se abrieron, sostenidos en tus goznes.

Iluminado por tu hermosa gente,
ungido con tus óleos de horizonte,
pude palpar los vínculos umbríos
que juntan la llegada y los adioses.

Contigo supe la extensión que tiene
la eternidad. Oyendo tus rumores
supe que en un cítara de hierba
cabe el murmullo universal del hombre.

Por tus vehementes ríos enterrados
bajo el verdor feliz que te recorre
llevas el fuego ajado de mis muertos
hacia el sensual principio de las flores.

Aunque congregues todos mis recuerdos,
aunque por ti mis árboles retoñen,
aunque te sienta el cántaro que abreva
la sed de estos intensos resplandores,

no he de pedirle a nadie que te alcance
mis desolados pulsos en desorden
cuando el voraz festejo de la muerte
llene mi voz de pámpanos atroces.

Estaré en ti aunque no esté contigo.
Desde cualquier lugar vendré a tu nombre.
Espérame. Presiénteme en la brisa
o en el temblor de tus constelaciones.

 

OPINIÓN:

La poesía de Guillermo Etchebehere (Bernardo Verbitsky)

En la última parte de “La lumbre permanente” el poeta vuelve a su infancia y con memoria creadora no sólo trae recuerdos sino que inscribe la atmósfera de aquellos años, en la evocación de hoy. El paisaje de su entorno, los juguetes, el perfil de la madre. “La casa que se deja”aún sigue llena de ecos antiguos y hasta el viento, "El viento que algún día le castigó las puertas/ descansa en el radioso velamen del recuerdo”. 

Este es el punto de partida que llamaríamos lógico de todo esta poesía vital de Guillermo Etchebehere. Sus primeras imágenes son las de un mundo vegetal y esto explica mejor esa naturalidad con que se mueve en el ámbito de la Naturaleza.

Este es el ruido que la flor desgrana.
Ese el murmullo de la sementera.
El eco de aquel eco, la primera
lluvia mojando mi niñez lejana.

Etchebehere rescata de ese modo ecos casi inaudibles. Su sensibilidad para la belleza viva que alienta a su alrededor es fina y alerta. Y no se queda desde luego en la pintura del paisaje, ya que en todo momento –y esto es lo que caracteriza a este libro- se advierte a un hombre en el centro de todas las cosas. Un hombre, un poeta, atento a su propio vivir y al de los demás, capaz de comprender el milagro de toda existencia, estableciendo de este modo, sin proponérselo, esos nexos, que hacen del mundo sensible un todo armonioso.

Además, la Naturaleza en este poeta no es extensión ilimitada, es también la limitación ordenada de lo rural. En sus poemas hay el rumor callado de la espiga que agita el viento pero hay también la sonoridad viril del trabajo del agricultor.

En este libro hay muchos sonetos. Etchebehere tiene evidente aptitud para esta forma clásica y la trabaja con amor y probablemente con facilidad. El soneto clásico en su marmóreo volumen puede resultar pesado pero por lo común Etchebehere lo aliviana con la sustancia que elabora. Cierta reciedumbre verbal se compensa en la exacta belleza de tantas imágenes.

Que huésped ya del polen en la brisa
mi corazón, diseminado y frío,
Cante en la muerte con su propio canto.

En el común imaginar de la propia muerte, el poeta ha logrado un simil personal. Se advierte que Etchebehere no es de los que entregan al lector sus impresiones informes, para que se arregle con ellas como pueda. (Este lujo, justificado en un Neruda pues en su caso vale la pena desentrañar ese entrecruzamiento de flores y raíces, no debieran permitírselo ciertos aprendices). Y es que Etchebehere no hace charadas. Es un poeta que canta, y que ama el canto y acto mismo de cantar. Usa metros populares sin desdeñar la décima:

Si en las albricias del vino
resuena el lagar, si queda
recuperada en la rueda
la infinitud del camino,
si el humo siembra el destino
de la fogata en el viento,
renacerá el fundamento
de este temblor descuajado
y en todo lo que he cantado
tendré pedazos de aliento.

Citamos un poco al azar. En el ritmo fácil se armoniza casi constantemente una gran riqueza expresiva. Etchebehere tiene mucho para decir y sabe decirlo bien. Esto es lo que distingue y define su poética, llena de vida, como puede verse desde el poema que inicia su libro, titulado “Génesis”, generoso en la inspiración y en la forma que encauza su lirismo.

Noticias Gráficas (sin fecha), por Bernardo Verbitsky (Buenos Aires, 1907-1979). Escritor y periodista argentino. Autor de más de veinte libros, entre novelas, ensayos, poesías y cuentos. Es padre del periodista Horacio Verbitsky. (Recordar el comentario mayormente negativo que el mismo Verbitsky hizo al primer poemario de Etchebehere “Pulso de la tierra”.)


LA LUMBRE PERMANENTE (Jorge Calvetti, Revista Tarja)

Después de leer un libro pleno de excelencias como "La lumbre permanente" de Guillermo Etchebehere no puedo menos que escribir una breves palabras de salutación para expresar a este poeta del Sur, nuestras jubilosas albricias.

Podría decir que es el esplendor formal, o la frecuencia con que aciertos parciales o totales se suceden, o la emocionante certeza de leer por momentos verdadera poesía, lo que más me impresionó del volumen. Podría decirlo si no estuviera seguro de que hay, además, un mérito muy alto que ha engendrado todo -o casi todo- en la obra de Etchebehere. Es su actitud humana, su solidaria actitud de artista, su generosa y pura presencia de hombre que se siente hermano de todos los hombres.

Muchos libros de los poetas de hoy adolecen de "literatura". Muchos poemas merecerían ser firmados por fantasmas, tan lejos de la vida están. Cómo no expresar entonces, alegría después de leer la obra de un poeta como Etchebehere que siente su alma fraterna, cariñosa para todos?

Desgraciadamente no es posible citar sino fragmentos:

Vengo desde no sé cuándo
y voy hacia no sé dónde
pero en mis huesos responde
la tierra que estoy cantando...

Suele ocurrir, a veces, a los poetas que, la intención con que escriben, o sus pasiones extraliterarias diríamos, incidan en forma excesiva sobre su obra. En tales casos, el poeta sufre esa evidente preponderancia de "ideas" y se resiente. Elogia entonces, el lector, la actitud, pero no -por supuesto- el valor poético de la composición.

No es, afortunadamente, éste el caso de la "La lumbre permanente", libro de auténtica poesía que nos lleva a citar el nombre de Etchebehere como el de uno de nuestros más reales y trascendentes valores.

Revista Tarja, Año I, Nov-Dic de 1956. Tarja fue una revista cultural argentina, editada en San Salvador de Jujuy entre 1955 y 1960. Creada y dirigida por el artista plástico Medardo Pantoja y los escritores Mario Busignani, Jorge Calvetti, Andrés Fidalgo y Néstor Groppa. Jorge Calvetti (Maimará, 1916- Buenos Aires, 2002), autor de la reseña, fue periodista, poeta y asesor en temas culturales. Se desempeñó como redactor en los diarios La Prensa y La Nación. Realizó colaboraciones para las revistas Sur, Leoplan y El Hogar, entre otras publicaciones. Fue asesor de la Comisión de Lingüística y Literatura del CONICET. En 1983 pasó a formar parte de la Academia Argentina de Letras, de la que fue Vicepresidente durante 9 años. Entre sus libros se encuentran: “Fundación en el cielo”, “Memoria terrestre”, “Solo de muerte” y “Poemas conjeturales”, entre otros. Recibió numerosos premios, entre los que se destacan el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía, Premio Internacional EUDEBA (1970), el Gran Premio otorgado por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE-1993) y el Premio de la Crítica en la Feria del Libro (1994).

lunes, 5 de junio de 2017

Luis Iglesias y su relación con Etchebehere


Documental sobre el maestro Iglesias que realizó Canal Encuentro.


La relación Luis Iglesias -Guillermo Etchebehere se remonta al albor de la formación de la personalidad de ambos. El documento más extenso y detallado sobre la vida de Guillermo Etchebehere con que contamos hasta el momento, es la conferencia del maestro Iglesias en la Biblioteca Sarmiento el día 15 de junio de 1979, a un año de la muerte de su amigo, “el poeta luminoso”, como lo llamaba.

En una de las dieciocho páginas de la conferencia -originales que guarda la Biblioteca de Cañuelas- recuerda la primera vez que lo conoció:

"Nacido y crecido en Tristán Suárez resultábamos vecinos y, por haber pasado alternativas muy parecidas en la misma época, sin tratarnos y sin saberlo, compartíamos las mismas desazones, contradicciones, laxitudes y rebeldías. Por eso para mí fue impactante leer en la revista "Claridad"(1) -publicación muy difundida que se hacía en Bs. As. para toda América Latina- un poema, "Pueblo natal" que firmaba Guillermo E. Etchebehere, de Cañuelas. Era un grito de protesta, de rebeldía contra el lugar de nacimiento, contra la asfixia que tanto en su pueblo como en el mío como en cualquier pueblo inocente de este mundo, sienten alguna vez los adolescentes. 'Porque eres quieto, demasiado quieto/ porque eres manso, demasiado manso', y esto resultaba todo lo que podía recriminar con sus versos el poeta en franca insurrección. En realidad, él estaba armándose de decisión y coraje, dispuesto a encontrar una oportunidad para romper profundos vínculos y abandonar Cañuelas. A ese, su pueblo natal, al que después durante toda su vida cantaría con reminiscencias y palabras de eterno enamorado".

Dedicatoria de Iglesias en su libro Didáctica de la libre expresión.

El poema en revista Claridad se trata de una publicación de marzo de 1936, cuando Etchebehere tenía dieciocho años e Iglesias veintiuno. Un dato que Iglesias omite en su emotiva conferencia –quizá por modestia-, es que su  libro de creaciones infantiles Viento de estrellas tiene el título inspirado en un poema de Etchebehere, que no será el único de éste dedicado a una escuela rural:


ROMANCE BLANCO

Abrió la escuela sus puertas
-rosa que se abre en el alba-
y como viento de estrellas
en la grupa de mil alas,
corrieron por los caminos
en tropel, las esperanzas.
Se iluminaron las calles
con música de campanas;
los gnomos de los recuerdos
hurgaron dentro del alma
y se encendieron mis ojos
en el brillo de las ansias.
Sentirme de nuevo niño…
Decir otra vez palabras
prisioneras en el eco
sin edad de nuestra infancia…
De pronto trizó mi sueño
el sol de las carcajadas:
por los caminos venían
-aluvión de espuma blanca-
veinte niños –veinte pájaros-
deshilvanando palabras.
Sus risas eran gaviotas
borrachas, en la mañana.
Abrió la escuela sus puertas.
¡Se abrió una rosa en el alba!

(De Pulso de la Tierra).


A partir de 1943 Iglesias y Etchebehere van a formar "la punta sur" del grupo de intelectuales Lilulí, que contaba entre sus miembros a Carlos Gorostiza (director de teatro y escritor, ver entrevista), Floreal Mazía (traductor plurilingüe), Pedro Asquini (actor fundador de "Nuevo Teatro" en los '50), Felipe Rossi (luego director de Radio El Mundo), José Oscar Arverás (poeta y novelista), Alberto Lema (dirigente sindical de Luz y Fuerza), José García Falcó (escritor y periodista, luego secretario de José Ber Gelbard), entre otros, grupo de temible variedad y talento. La primera publicación de la editorial (cuadernillos) Lilulí, es el segundo poemario de Etchebehere Jornada del hombre. A excepción del cañuelense, los demás eran escritores inéditos; Luis Iglesias publica por Lilulí La escuela emotiva (ensayo pedagógico) en 1945. El grupo se desmembra -para decirlo con palabras más suaves de las que ellos utilizaron- por el control que ejerció el peronismo sobre lo que se leía, escribía y representaba en libros y teatros.

Estos "Cuadernillos militantes de prosa y poesía" no fueron, sin duda, hechos de "literatura pura", según dichos de Luis Soler Cañas, uno de los críticos más serios y centrados de la Generación del 40. Las expresiones "nuevos tiempos" o "militante" que acompañaban todos los cuadernillos, hablan de una ubicación temporal y de un rumbo.

(Escrito reformulado de otro de 2010, año de la muerte de Iglesias).


Grupo Lilulí en la escuela rural de Iglesias (Tristán Suárez, 1944). Arriba (izq. a der.): desconocido, Felipe Rossi, José Arverás, desconocido, Guillermo Etchebehere, desconocido. Al centro: desconocido, Luis Iglesias, Carlos Gorostiza, desconocido. Abajo, desconocido. Otros nombres que completan la imagen: Alfredo Herrero y Alberto Lema. (Foto y datos suministrados por Carlos Gorostiza).


“La madre campesina, el padre herrero de minas, ambos gallegos. Él, Luis F. Iglesias, el menor de un puñado de hermanos nació en 1915 en Tristán Suárez, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires donde comienzan la pampa y la ganadería”.

(Apunte biográfico escrito por Guillermo Etchebehere, para la primera edición de La escuela rural unitaria).

Obras de Luis Fortunato Iglesias:
-La escuela emotiva - Ensayo pedagógico, 1945.
-Viento de estrellas - Antología de creaciones infantiles, 1950.
-La escuela rural unitaria, 1957.
-Diario de ruta: Los trabajos y los días de un maestro rural, 1963
-Didáctica de la libre expresión, 1979.
-Pedagogía creadora, 1980.
-Aprendizaje vivencial de la lectura y la escritura, 1987.
-Los guiones didácticos: Técnica para la conducción del aprendizaje, 1988.
-Confieso que he enseñado, 2004.



NOTA
(1) Trascendental publicación para intuir el relieve ideológico del Grupo Lilulí. La Revista Claridad (1926-1941) dirigida por Antonio Zamora, difundía obras de literatura del socialismo europeo y latinoamericano (Zamora había sido antes creador de una editorial con el mismo nombre que publicaba clásicos y nuevos autores a precios populares). La revista contó entre sus colaboradores a Leonidas Barletta, César Tiempo, Álvaro Yunque, Baldomero Fernández Moreno, Roberto Arlt, Juan L. Ortiz, y se autodenominó de izquierda desde sus inicios, refugio de quienes militaban entonces en el llamado grupo literario “Boedo”. “Deseamos estar más cerca de las luchas sociales que de las manifestaciones puramente literarias. Creemos de más utilidad para la humanidad del porvenir las luchas sociales que las grescas literarias, sin dejar de reconocer que de una contienda literaria puede también volver a surgir una nueva escuela que interprete las manifestaciones humanas en forma que estén más de acuerdo con la realidad de la época en que vivimos”. (Claridad, Año 1, Nº 1, julio 1926). Espíritu combativo, que en otros pasajes de la revista adquiere rebordes anarquistas: “Lucha contra la iglesia, que es represión y barbarie; lucha contra el Estado, que es el entronizamiento de unos pocos aprovechados; contra el ejército que es refugio de criminales más repugnantes que los que por mil circunstancias adversas se ceban en el primero que pasa. Lucha contra la moral cristiana, porque veinte siglos de cristianismo no han hecho otra cosa que abatir el espíritu del hombre….Lucha, hermano. ¡Si supieras cómo te enaltece la lucha!”. Veamos si la lectura de esta revista influyó en Etchebehere, leamos algo más.

martes, 23 de mayo de 2017

Semblanza de Etchebehere por el Grupo "Lilulí"


Contenido de la solapa delantera del poemario de Guillermo Etchebehere Jornada del Hombre, editado por los Cuadernillos "Lilulí" en 1943. Semblanza que realizaron sus compañeros del grupo. El segundo poemario de Etchebehere, resultó el primero de estos cuadernillos "militantes de prosa y poesía". Lo ilustró uno de sus integrantes, Néstor Mentaberry, quien firmaba "Néstor".

lunes, 22 de mayo de 2017

"La Semilla del Viento" (selección y opinión)

La semilla del viento.
Buenos Aires. 1947.
Edición de autor. Imprenta Ferrari.

Primer Premio de Poesía Municipalidad Ciudad de Buenos Aires 1947.
Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.







SELECCIÓN DE POEMAS:

MIS ABUELOS VASCOS

Vinieron de muy lejos.
De más allá del mar. De las regiones
donde fueron paridas las montañas.
Vinieron escapando de la piedra,
buscando tierras anchas
con su secreta brújula de sueños.
Ellos necesitaban
una tierra más simple y menos dura
para sembrar la casa.
Tierra limpia de cercos, tierra abierta,
para poder mirar por las ventanas
el lejano horizonte donde nace
desnuda, la esperanza;
y seguir con los ojos,
desde el patio familiar de la calma
el irse silencioso
de todo lo que muere y lo que pasa.

Y llegaron aquí, porque sintieron
que en esta soledad, de leguas verdes
dormían, soterradas, las raíces
del viento que soñaron.

(Puedo verlos con una azada al hombro
tomados de la mano, caminando).

La pampa abrió su antigüedad de hierba
y ellos fueron echando
el tiempo por morir que les quedaba,
la tranquila expansión de los rebaños,
el origen del árbol y del trigo
y el signo de sus huesos
prolongado en el cuerpo de los hijos.

Por ellos soy. Por ellos tengo nombre.
Por ellos siento a veces que otras vidas
me invaden desde el tiempo
y sueltan por las frondas de mi sangre
la lejana presencia de la nieve
cayendo al cuenco de los hondos valles,
y la avidez del viento
arrojando sus hachas torrenciales
contra el pecho blindado de los robles,
y un trino de zampoñas
junto al viejo cantar de los pastores,
y el olor del redil y de hogaza,
y la fresca acidez de los membrillos
que dejan en el arca
el perfumado corazón del huerto
dormido con las sábanas.

Ellos pasaron ya. Ya son apenas
un poco más de tierra.
Pero siguen golpeando en la memoria
con sus puños eternos.

Cuando la muerte les borró en los ojos
el último destello,
era ya un eco vivo y repetido
la sembradura que empezó en un beso.
Sus nombres ya corrían por el río
de las gentes del pueblo.



MI CASA CAMPESINA

                                            I


Hoy otra vez estoy aquí mirando el campo
y descubriéndolo de nuevo, porque siento
que en el instante en que lo miro tiene origen
la eternidad de su infinito nacimiento.

Nunca había visto el trebolar de aquel potrero,
ni esa torcaz en ese aromo,
ni aquella nube apresurada, ni estos surcos,
ni ese compendio semental que exhibe el toro.

Estoy aquí, frente a la luz que me organiza
desde que dos cariños juntos me fundaron,
estremeciendo mis raíces campesinas
con la presencia del milagro.

Cada minuto transcurrido
marca el principio innumerable de la hierba.
Se hinchan las ubres con los ríos de la leche,
y el mismo brazo que hace espigas en la avena
custodia el vientre de las vacas fecundadas
y va ensanchando la mañana por la tierra.

Está golpeándome las sienes
la incontenible parición que me rodea.



                                                      II


Con los sentidos en desorden,
entre la alegre insurrección de las calandrias,
por un camino que me invento caminando
regreso al patio de la casa.

Y aquí está el perro junto al banco del abuelo
como una sombra con mirada.
Y allí el antiguo limonero y sus limones
condecorando la mañana.
Y allá un incendio de geranios, y las voces
de mis hermanos que me nombran y me aman.

Y en todas partes, desde el fuego a los manteles,
desde el rosal hasta las sábanas,
está la sombra de las manos de mi madre
como en el aire está la sombra de las alas.


                                                  III


Que siempre toque mis palabras
este armonioso acontecer de lo pequeño.
Quiero estar cerca de la flor y la sonrisa,
quiero vivirme entre ese fuego,
porque amo todo lo que lleva en sus arterias
la silenciosa muchedumbre de lo eterno.




FRENTE A LA INMENSA POTESTAD DEL TRUENO


Cruzaba yo por el altar festivo
del entrañable predio ganadero,
llevando junto a mí por compañero,
el gozo extraño de sentirme vivo.

Mirándome pasar por el sendero,
ungida por el soplo sustantivo,
sobre el frescor del trébol persuasivo
la vaca maduraba su ternero.

Quise nombrar con mi oración profana
la fuerza elemental y poderosa
que lleva nacimiento en su seno,

y comprendí que la palabra humana
era una breve alondra temblorosa
frente a la inmensa potestad del trueno.




EN PREDIOS ESTRIDENTES Y LEJANOS


Coronado de inviernos y veranos
era un dios terrenal, un tronco vivo
justificando su terrón nativo
con testimonio de sudor y manos.

Un día de rencor definitivo
abandonó la azada y sus hermanos,
y en predios estridentes y lejanos
echó a vivir su corazón furtivo.

Sereno fluye el río de su vida.
Fácil el pan, fácil el vino, extraña
la niebla pertinaz de la pobreza.

Pero en su soledad reverdecida,
el grito de la tierra lo acompaña
como un árbol hundido en la cabeza.



LA MUERTE


(EL NIÑO)



Era tan delicado, tan pequeño,
su corazón tan frágil, tan de sueño,
tan leve el sustantivo que lo nombra,
que la muerte, desde un lugar lejano,
no tuvo más que levantar la mano
y tocarle la frente con su sombra.


(EL BOYERO)


En vano lo busca el alba
y el caballo lo requiere
que ya el caballo y el alba
no lo tienen.

Por el camino de talas,
lentamente,
diez campesinos se llevan
el fin de su vida breve.
Y la tarde está cantando
como siempre.
Y los churrinches relumbran
como siempre.
Y esos árboles tremendos
que florecen…

Sólo el perro de la casa
lo comprende,
y por sus ojos cansados
pasa, mojada, la muerte.



OPINIONES:

"La comisión de Cultura de la Municipalidad de Buenos Aires encargada de distribuir los premios del Concurso Municipal de Literatura de 1947, jurado que como se sabe está integrado por los señores Leopoldo Marechal y Rafael Gijena Sánchez y el escribano Raúl M. Salinas como presidente, adjudicó los mismos de esta manera: / El primero en verso a Guillermo Etchebehere por su libro “La semillla del viento”, colección de poesías que fuera auspiciosamente acogida por la crítica especializada, que con rara ecuanimidad elogió la calidad de los trabajos que componían este libro. El segundo premio fue otorgado a la señorita, Elena Walsh, “Otoño imperdonable”, conjunto de poesías de indiscutida jerarquía. La autora colabora en la revista “El hogar”. / La distinción acordada a Guillermo Etchebehere es merecidísima. Es el reconocimiento a un valor joven en constante mejoramiento, cuya labor ya sido juzgada en libros anteriores: “Pulso de la tierra”, del año 1940 y “Jornada del hombre” editado en 1943. Con satisfacción muy honda destacamos hoy este galardón logrado por nuestro amigo y colaborador honorario y formulamos al mismo tiempo el sincero deseo de que no sea el último".

Recorte periodístico de origen no detectado. Puede servir la lista de revistas donde Etchebehere colaboraba, casi todas de la década del ´40: “Conducta”, “Argentina libre” –publicación antifascista-, “Laurel” y “El 40”. También podría tratarse de una publicación periódica cañuelense, como “La Voz de Cañuelas” aparecida de 1947 a 1949 a cargo de Elsa García.

“Etchebehere recoge aquí las experiencias que viven en su recuerdo, en sus años vividos en su pueblo natal, Cañuelas, trayendo el aliento profundo de la existencia campesina con un lenguaje de limpia calidad poética y permanente calor humano”.

De La Vanguardia. Sin firma ni fecha.

“Color, vigor, firme dibujo descriptivo, he aquí lo representativo de estos poemas. Su fondo humano se expresa a través de cosas netas. Y este pulso para mirar y expresar con palabras el mundo, señala en el poeta una voz y clima espiritual inconfundible”.

De La Prensa. Sin firma ni fecha.

El retorno de todas las cosas en la tierra que siempre permanece y sobre la cual pasan las generaciones, como lo señala el Eclesiastés y el poeta lo actualiza, es uno de los sentimientos que predominan en este bello libro, que comienza con la “presencia” de los abuelos vascos y termina con la conmemoración de seres que,
desde su siempretierra,
desde los hontanares del silencio
crecidos a la orilla de la pampa,
tal vez estén oyendo
las campanadas de la contramuerte
sonando a sembradura y nacimiento”.

De La Nación. Sin firma ni fecha.

Recorte que detalla los ganadores del Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires 1947. Periódico no detectado.

jueves, 4 de mayo de 2017

"Jornada del Hombre" (selección y opinión)

Jornada del hombre (1943)
Por Cuadernillos Lilulí (N° 1).
Ilustrado por Néstor.


Tapa del libro.
Solapa con semblanza del autor.



SELECCIÓN DE POEMAS:


Estética

Yo doy mi canto como da el verano
golondrinas, y el mar da litorales.
Nunca supe el porqué de los trigales
pero lo mismo el pan llega a mi mano.

Si estuviera vedado al duraznero
salir por sus duraznos milagrosos,
un viento enloquecido de carozos
mordería su tronco prisionero.

Y no sé si el poema es una rosa
o una brizna del alma numerosa
que encontró la palabra que la nombre.

Sólo sé que se cumple mi destino
cuando el verso que doy muestra el camino
que transita el poeta con el hombre.



Partida del poeta adolescente

Con una estrella rota sobre el hombro
ha comenzado a ser lo acontecido.
Se le cayó la voz –polvo de sombra-
cuando la noche se vistió de grillos
y el aire de temores.

Fue entonces que la voz se le deshizo.

Era
(¡qué palabra con muerte esta palabra!)
un junco musical recién nacido;
una ventana abierta al horizonte;
los pasos y el camino.

Desde el fanal celeste de sus ojos
el niño transcurrido
le alcanzaba las sílabas desnudas
y el aliento esencial de los sonidos,
para que fuera el canto
sencillo como el hombre,
vital como la leche y como el trigo.

Él, que amaba el prodigio del árbol y la lluvia,
y el profundo secreto del carbón y el granito…
Él, que amaba el misterio frutal de los carozos
ahora estará lleno de respuestas y signos.

Sus manos, sus cabellos
y el marfil de sus dientes desprendidos,
ya empiezan a empujar el crecimiento
del álamo y el lino.

Un pájaro de niebla picotea
su derramado corazón de lirio
y el agua ya le busca las arterias
para iniciar la eternidad de un río.

Oh, muerto innumerable.

Oh, claro adolescente atardecido.



Caminos

Me dijo el corazón: elige un rumbo
para darle a tu canto;
el aire con su escolta de palomas
o el bosque con la angustia entre sus brazos.

Los senderos del aire son de briznas.
Con el alma de pájaro
llegarás al final, donde se besan
la música del sueño con los astros,
y encontrarás una ciudad de espuma
con torres de milagro.

El camino del bosque es de palabras
y medusas de llanto.
Por él camina el hombre a su destino;
en él cada dolor engendra un árbol.
En los últimos cercos está el pueblo
herido de relámpagos.
Ya disparé mi vos enamorada
por el camino amargo.
Ha perdido la risa, pero lleva
la fe en el hombre dentro de su canto
como lleva en el ímpetu la flecha
el poderoso vendaval del arco.


Fe

En la ciudad del hombre ya no queda
la sonrisa de un pétalo;
ni una tarde cruzada de palomas;
ni la espiral celeste de un recuerdo.
Ya no existe la casa con la madre,
ni la cómoda antigua del abuelo,
ni la mesa de pino, ni el manzano
ni los ojos del perro.

Toda la simple intimidad del hombre
cayó de bruces en el mar de hierro.
Pero la muerte no tendrá en sus venas
el caudal necesario de silencio
para que deje de cantar el río
su siempre nacimiento.

Nunca tendrá relámpagos bastantes
para incendiar el cielo;
ni tanta sombra para tantas albas;
ni el suficiente viento
para arrancar del bosque de los días
la eternidad elemental del pueblo.

En la entraña violenta de la muerte
un fruto de alegría está creciendo.



 OPINIONES:

"Con este volumen (1), la editorial "Lilulí" -promisorio esfuerzo de un grupo noblemente inspirado- presenta la segunda entrega de una autor joven -nació en 1917- que ya, con "Pulso de la Tierra" adelantara una voz plena de posibilidades. Pero lo que entonces era un cauteloso tantear de caminos, transitando por las huellas abundantemente señaladas por las sendas rectoras de la poesía de nuestro tiempo, es hoy depuración celosa de la propia voz y, sobre todo, una pareja unidad de estilo y de tono que valora seriamente el volumen".

Periódico La Hora, 06/06/1943.

"Con Jornada del hombre, doce poemas apenas, Etchebehere entró de lleno y sin discusión en la poesía argentina, bien plantado, con neto perfil de su personalidad humana y artística y con toda su voz. Los críticos más exigentes así lo dijeron y, curiosamente, propuestos a señalar el mejor poema que llevaba la entrega, no estuvieron de acuerdo: cada uno eligió el suyo y en definitiva quedó claro que los doce eran excelentes".

Luis Iglesias, en la conferencia ofrecida en la Biblioteca de Cañuelas en 1979, a un año de la muerte del poeta
Luis Fortunato Iglesias (Tristán Suárez, 1915- Buenos Aires, 2010). Maestro, pedagogo y escritor. Autor de una nueva pedagogía enfocada en la escuela básica, que comienza con su libro -varias veces premiado y difundido por toda América- "La escuela rural unitaria". Integrante fundamental del Grupo "Lilulí".

"La lectura cronológica de sus libros depara la sorpresa del soneto Estética con que se abre Jornada del hombre. El tiempo trascurrido entre el volumen inicial y este cuadernillo, es enorme, si lo consideramos por la seguridad y robustez de tono adquiridos. El poeta alcanza una conciencia clara de su destino, que trasciende hacia su tercer libro, acelerando su plenitud. Ninguna artificiosidad literaria cabe en su posición y su arte sería el de simplificar las cosas y esclarecer la estrofa con el recuerdo bíblico que ninguna época desmiente ( ). Si Etchebehere vistiera su poesía de otro ropaje que no fuera el de la dicción natural, este vivo fluir quedaría desvirtuado y no llegaría a expresiones cabales en su emoción y justeza".

José González Carbalho para Noticias Gráficas (12/4/50). Ver artículo completo. José González Carbalho (1899-1958): Poeta nacido en Buenos Aires, hijo de emigrantes gallegos. Profesor y periodista. Publicó en poesía: “Campanas en la tarde” (1922), “Cantados “(1933, Premio Municipal), entre otros; en prosa “El libro de Angel Luis” (cuentos, 1926), “Vida, obra y muerte de Federico García Lorca” (1938) y otros; teatro: “Arrabal de Carriego, Cornamusa”; ensayo: “Idioma y poesía gallega” (1953). Amigo personal de Federico García Lorca y Pablo Neruda, y otros tantos poetas de su generación. El chileno le dedicó un poema en su fundamental obra “Canto general” (1950).